Volvió una noche, no la esperaba,
había en su rostro tanta ansiedad
que tuve pena de recordarle
su felonía y su crueldad.
Me dijo humilde: Si me perdonas,
el tiempo viejo otra vez vendrá.
La primavera es nuestra vida,
verás que todo nos sonreirá.
Mentira, mentira, yo quise decirle,
las horas que pasan ya no vuelven más.
Y así mi cariño al tuyo enlazado
es sólo un fantasma del viejo pasado
que ya no puede resucitar.
Callé mi amargura y tuve piedad;
sus ojos azules, muy grandes se abrieron.
Mi pena inaudita pronto comprendieron
y con una mueca de mujer vencida me dijo: Es la vida.
Y no la vi más. Volvió una noche, nunca la olvido,
con la mirada triste y sin luz.
Y tuve miedo de aquel espectro que fue locura en mi juventud.
Se fue en silencio, sin un reproche, busqué un espejo y me quise mirar.
Había en mi frente tantos inviernos que también ella tuvo piedad.
Letra: Alfredo Le Pera
Música: Carlos Gardel
lunes, 24 de noviembre de 2008
miércoles, 19 de noviembre de 2008
balada para un loco
Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
No ves que va la Luna rodando por Callao;
que un coro de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor... ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá!
Yo sé que estoy piantao, piantao, piantao...
Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión;
y a vos te vi tan triste... ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!...
¡Loco! ¡Loco! ¡Loco! Cuando anochezca en tu porteña soledad,
por la ribera de tu sábana vendré
con un poema y un trombón
a desvelarte el corazón.
¡Loco! ¡Loco! ¡Loco! Como un acróbata demente saltaré,
sobre el abismo de tu escote hasta sentir
que enloquecí tu corazón de libertad...
¡Ya vas a ver! Salgamos a volar, querida mía;
subite a mi ilusión supersport,
y vamos a correr por las cornisas
¡con una golondrina en el motor!
De Vieytes nos aplauden: ¡Viva! ¡Viva!
los locos que inventaron el Amor;
y un ángel y un soldado y una niña
nos dan un valsecito bailador.
Nos sale a saludar la gente linda...
Y loco - pero tuyo - ¡qué se yo!;
provoco campanarios con la risa,
y al fin, te miro, y canto a media voz:
Queréme así, piantao, piantao, piantao...
Abríte a los amores que vamos a intentar
la mágica locura total de revivir...
¡Vení, volá, vení! ¡Trai-lai-lai-larará!
¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!
Loca ella y loco yo...
¡Locos! ¡Locos! ¡Locos!
¡Loca ella y loco yo!
Letra: Horacio Ferrer
Música: Astor Piazzolla
No ves que va la Luna rodando por Callao;
que un coro de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor... ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá!
Yo sé que estoy piantao, piantao, piantao...
Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión;
y a vos te vi tan triste... ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!...
¡Loco! ¡Loco! ¡Loco! Cuando anochezca en tu porteña soledad,
por la ribera de tu sábana vendré
con un poema y un trombón
a desvelarte el corazón.
¡Loco! ¡Loco! ¡Loco! Como un acróbata demente saltaré,
sobre el abismo de tu escote hasta sentir
que enloquecí tu corazón de libertad...
¡Ya vas a ver! Salgamos a volar, querida mía;
subite a mi ilusión supersport,
y vamos a correr por las cornisas
¡con una golondrina en el motor!
De Vieytes nos aplauden: ¡Viva! ¡Viva!
los locos que inventaron el Amor;
y un ángel y un soldado y una niña
nos dan un valsecito bailador.
Nos sale a saludar la gente linda...
Y loco - pero tuyo - ¡qué se yo!;
provoco campanarios con la risa,
y al fin, te miro, y canto a media voz:
Queréme así, piantao, piantao, piantao...
Abríte a los amores que vamos a intentar
la mágica locura total de revivir...
¡Vení, volá, vení! ¡Trai-lai-lai-larará!
¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!
Loca ella y loco yo...
¡Locos! ¡Locos! ¡Locos!
¡Loca ella y loco yo!
Letra: Horacio Ferrer
Música: Astor Piazzolla
Hasta el ultimo tren
Amo los andenes de la espera,
la poesía de los rieles
que la luna replatea...
Amo los andenes suburbanos
de estaciones patinadas
por el tiempo y los olvidos...
Amo la garita y las barreras,
amo el tren que se despide
y amo el tren en que tú llegas...
y mi vida se ilumina,
volvedora golondrina,
cuando estás para llegar.
Tu amor de golondrina que llega así, en mi ocaso,
me hace querer las cosas que no supe querer,
y quiero los lugares donde esperé tu paso
con una rosa blanca luciendo en cada sien.
Distintas emociones: llegada y despedida,
alargada mi sombra en desolado andén
cuando agito mi mano después de tu partida
o cuando espero en vano, hasta el último tren.
Amo los andenes de la espera,
las señales en la once
y tus alas de viajera...
Celo, cuando pienso que otro anhelo
te desvíe de mi rumbo
y te lleve hacia otro cielo...
Lloro, de pensar que otro verano
un andén abandonado
me verá esperando en vano...
Y el dolor se hará presente
cuando inexorablemente
ya no tenga que esperar.
Letra: Julio Camillioni
Música: Julia Ahumada
la poesía de los rieles
que la luna replatea...
Amo los andenes suburbanos
de estaciones patinadas
por el tiempo y los olvidos...
Amo la garita y las barreras,
amo el tren que se despide
y amo el tren en que tú llegas...
y mi vida se ilumina,
volvedora golondrina,
cuando estás para llegar.
Tu amor de golondrina que llega así, en mi ocaso,
me hace querer las cosas que no supe querer,
y quiero los lugares donde esperé tu paso
con una rosa blanca luciendo en cada sien.
Distintas emociones: llegada y despedida,
alargada mi sombra en desolado andén
cuando agito mi mano después de tu partida
o cuando espero en vano, hasta el último tren.
Amo los andenes de la espera,
las señales en la once
y tus alas de viajera...
Celo, cuando pienso que otro anhelo
te desvíe de mi rumbo
y te lleve hacia otro cielo...
Lloro, de pensar que otro verano
un andén abandonado
me verá esperando en vano...
Y el dolor se hará presente
cuando inexorablemente
ya no tenga que esperar.
Letra: Julio Camillioni
Música: Julia Ahumada
jueves, 13 de noviembre de 2008
Roberto Goyeneche (1926 - 1994)
El -polaco- nació el 29 de enero de 1926 en el barrio de Saavedra, provincia de Buenos Aires, Argentina. Fue muy consentido por su madre, ya que su padre murió cuando él tenía cinco años. Goyeneche se destacó por ser el cantante con máxima calidad expresiva que tuvo el Tango en toda su historia.
Fue todo en experto a la hora de hablar durante las canciones. Su valor más grande, explicado por él mismo, fue el respeto por lo que escribió el autor, cantarle hasta las comas. La pronunciación es una manera de respetar al que escribe. Hay que hacer las pausas. Hay que interpretar lo que el poeta quiso decir y transmitírselo al público.
Debutó con la orquesta de Raúl Kaplún a los 18 años. En 1952 pasa a la de Horacio Salgan, junto al cantor Angel Díaz, quien lo bautizó el polaco. En 1956 su carrera se catapultó hacia la gloria: se convirtió en el cantor de la orquesta de Anibail Troilo.
Pese a algunas discrepancias iniciales que, según cuenta la historia, distanciaban a Troilo del Polaco la vida los convirtió en amigos inseparables hasta el punto que Troilo le dijo animosamente: "si no se va, lo echo" obligándolo a iniciar su carrera como solista.Así fue como entonces, en 1963, El Polaco se aparta de la orquesta de Troilo para transitar sus primeros pasos como solista. En poco tiempo se convirtió en uno de los cantantes de tango más populares. Llegó a grabar con: Francini-Pontier, Baffa-Berlingier-Cabarcos, Stazo-Cupo-Monteleone, Requena, Grela, Orquesta Típica Porteña y Astor Piazzolla, entre otros. Su repertorio fue extenso y variado, y supo apropiarse con verdadera autoridad de versiones clásicas que parecían hasta el momento presas de algunas determinadas interpretaciones. “La última curda”, “Gricel”, “Naranjo en flor”, “Pompas”, “Chau no va más”, “Afiches”, “Malena”, son algunas de sus más brillantes exposiciones.
Goyeneche también tuvo su participación en la pantalla grande. Dos films del famoso director argentino Pino Solanas: "El exilio de Gardel" y "Sur", cuentan con su presencia y contribuyen a la formación del “mito viviente” que sus popularidad también enarbolaba. Pocas personalidades logran ser contemporáneas a su construcción mítica. El Polaco no necesito morir para ver el emblema que significaba su presencia, quizás algunas de sus actitudes autodestructivas aceleraron este proceso de “mito viviente”.
Escuchar un tango en la voz de Roberto Goyeneche es vivir la música de Buenos Aires. Como recalcó Aníbal Troilo, El polaco era dueño de cantar "hasta los puntos y las comas". Su mayor secreto fue saborear los tiempos y los espacios del tango, colmarlos de significado; enriqueciendo al dos por cuatro al límite de sus posibilidades rítmicas. Un 27 de Agosto de 1994 el Polaco le dice adiós a Buenos Aires. Un vacío melancólico se apodera de aquella tarde de sábado, melancolía propia de la despedida de personajes que podrían haber vivido un tiempito más... personajes en los que tristemente se intuye un poco de voluntad en su partida.
Fue todo en experto a la hora de hablar durante las canciones. Su valor más grande, explicado por él mismo, fue el respeto por lo que escribió el autor, cantarle hasta las comas. La pronunciación es una manera de respetar al que escribe. Hay que hacer las pausas. Hay que interpretar lo que el poeta quiso decir y transmitírselo al público.
Debutó con la orquesta de Raúl Kaplún a los 18 años. En 1952 pasa a la de Horacio Salgan, junto al cantor Angel Díaz, quien lo bautizó el polaco. En 1956 su carrera se catapultó hacia la gloria: se convirtió en el cantor de la orquesta de Anibail Troilo.
Pese a algunas discrepancias iniciales que, según cuenta la historia, distanciaban a Troilo del Polaco la vida los convirtió en amigos inseparables hasta el punto que Troilo le dijo animosamente: "si no se va, lo echo" obligándolo a iniciar su carrera como solista.Así fue como entonces, en 1963, El Polaco se aparta de la orquesta de Troilo para transitar sus primeros pasos como solista. En poco tiempo se convirtió en uno de los cantantes de tango más populares. Llegó a grabar con: Francini-Pontier, Baffa-Berlingier-Cabarcos, Stazo-Cupo-Monteleone, Requena, Grela, Orquesta Típica Porteña y Astor Piazzolla, entre otros. Su repertorio fue extenso y variado, y supo apropiarse con verdadera autoridad de versiones clásicas que parecían hasta el momento presas de algunas determinadas interpretaciones. “La última curda”, “Gricel”, “Naranjo en flor”, “Pompas”, “Chau no va más”, “Afiches”, “Malena”, son algunas de sus más brillantes exposiciones.
Goyeneche también tuvo su participación en la pantalla grande. Dos films del famoso director argentino Pino Solanas: "El exilio de Gardel" y "Sur", cuentan con su presencia y contribuyen a la formación del “mito viviente” que sus popularidad también enarbolaba. Pocas personalidades logran ser contemporáneas a su construcción mítica. El Polaco no necesito morir para ver el emblema que significaba su presencia, quizás algunas de sus actitudes autodestructivas aceleraron este proceso de “mito viviente”.
Escuchar un tango en la voz de Roberto Goyeneche es vivir la música de Buenos Aires. Como recalcó Aníbal Troilo, El polaco era dueño de cantar "hasta los puntos y las comas". Su mayor secreto fue saborear los tiempos y los espacios del tango, colmarlos de significado; enriqueciendo al dos por cuatro al límite de sus posibilidades rítmicas. Un 27 de Agosto de 1994 el Polaco le dice adiós a Buenos Aires. Un vacío melancólico se apodera de aquella tarde de sábado, melancolía propia de la despedida de personajes que podrían haber vivido un tiempito más... personajes en los que tristemente se intuye un poco de voluntad en su partida.
miércoles, 12 de noviembre de 2008
Tarde gris
Pese al dolor vengo a verte,
lo supe ayer que tu estabas tan mal.
Te quise odiar y mi pasión fue fuerte,
no pude más y vine al hospital.
Por todo el mal que me has hecho,
te maldecí con despecho y rencor.
Pero después sentí dentro del pecho,
mi corazón latir con tanto amor.
¿Por qué lloras? Acaso mi presencia,
junto al dolor también a vos te apena.
Cual recordar, tu vida sin esencia,
te arrepentís y hoy querés ser buena.
La tarde gris, tan gris como mi pena,
acompañó mi quebranto por su herida,
Porque eras vos la dicha de mi vida
y el ansia de cantar y la ley de mi fe.
Nada quiero reprocharte, todo pasó
y prefiero olvidarte. ¿Qué le he de hacer?
Si nací p’a quererte si fuiste vos la luz de mí soñar.
Yo te perdono y te brindo: pasión, hogar, mi ternura y mi fe.
Alegrará mi vida un pibe lindo Y yo seré feliz con tu querer.
¿Por qué lloras? Acaso mi presencia,
junto al dolor también a vos te apena.
Cual recordar, tu vida sin esencia,
te arrepentís y hoy querés ser buena.
La tarde gris, tan gris como mi pena
acompañó mi quebranto por su herida,
porque eras vos la dicha de mi vida
y el ansia de cantar y la ley de mi fe.
Letra: Luis Rubinstain
Música: Juan Bautista Guido
lo supe ayer que tu estabas tan mal.
Te quise odiar y mi pasión fue fuerte,
no pude más y vine al hospital.
Por todo el mal que me has hecho,
te maldecí con despecho y rencor.
Pero después sentí dentro del pecho,
mi corazón latir con tanto amor.
¿Por qué lloras? Acaso mi presencia,
junto al dolor también a vos te apena.
Cual recordar, tu vida sin esencia,
te arrepentís y hoy querés ser buena.
La tarde gris, tan gris como mi pena,
acompañó mi quebranto por su herida,
Porque eras vos la dicha de mi vida
y el ansia de cantar y la ley de mi fe.
Nada quiero reprocharte, todo pasó
y prefiero olvidarte. ¿Qué le he de hacer?
Si nací p’a quererte si fuiste vos la luz de mí soñar.
Yo te perdono y te brindo: pasión, hogar, mi ternura y mi fe.
Alegrará mi vida un pibe lindo Y yo seré feliz con tu querer.
¿Por qué lloras? Acaso mi presencia,
junto al dolor también a vos te apena.
Cual recordar, tu vida sin esencia,
te arrepentís y hoy querés ser buena.
La tarde gris, tan gris como mi pena
acompañó mi quebranto por su herida,
porque eras vos la dicha de mi vida
y el ansia de cantar y la ley de mi fe.
Letra: Luis Rubinstain
Música: Juan Bautista Guido
Carlos Gardel
La gayola
No te asustes ni me huyas, no he venido pa' vengarme;
si mañana, justamente, ya me voy pa' no volver...
He venido a despedirme, y el gustazo quiero darme
de mirarte frente a frente y en tus ojos contemplarme
silenciosa, largamente, como me miraba ayer...
He venido pa' que juntos recordemos el pasado
como dos buenos amigos que hace rato no se ven;
y acordarme de aquel tiempo en que yo era un hombre honrado
y el cariño de mi madre era un poncho que había echado
sobre mi alma noble y buena contra el frío del desdén...
Una noche fue la muerte quien vistió mi alma de duelo,
a mi tierna madrecita la llamó a su lado Dios...
Y en mis sueños parecía que la pobre, desde el cielo,
me decía que eras buena, que confiara siempre en vos...
Pero me jugaste sucio... Y, sediento de venganza, mi cuchillo,
en un mal rato, envainé en un corazón...
y más tarde, ya sereno, muerta mi única esperanza,
unas lágrimas rebeldes las sequé en un bodegón.
Me encerraron muchos años en la sórdida gayola
y una tarde me libraron... pa' mi bien... o pa' mi mal...
Fui sin rumbo por las calles y rodé como una bola;
por la gracia de un mendrugo,
¡cuántas veces hice cola! Las auroras me encontraron
largo a largo en un umbral...
Hoy ya no me queda nada; ni un refugio...
¡Estoy tan pobre! Solamente vine a verte pa' dejarte mi perdón..
Te lo juro: estoy contento que la dicha a vos te sobre...
voy a trabajar muy lejos... a juntar algunos cobres
pa' que no me falten flores cuando esté dentro' el cajón
Letra: Armando J. Tagini
Música: Rafael Tuegols
si mañana, justamente, ya me voy pa' no volver...
He venido a despedirme, y el gustazo quiero darme
de mirarte frente a frente y en tus ojos contemplarme
silenciosa, largamente, como me miraba ayer...
He venido pa' que juntos recordemos el pasado
como dos buenos amigos que hace rato no se ven;
y acordarme de aquel tiempo en que yo era un hombre honrado
y el cariño de mi madre era un poncho que había echado
sobre mi alma noble y buena contra el frío del desdén...
Una noche fue la muerte quien vistió mi alma de duelo,
a mi tierna madrecita la llamó a su lado Dios...
Y en mis sueños parecía que la pobre, desde el cielo,
me decía que eras buena, que confiara siempre en vos...
Pero me jugaste sucio... Y, sediento de venganza, mi cuchillo,
en un mal rato, envainé en un corazón...
y más tarde, ya sereno, muerta mi única esperanza,
unas lágrimas rebeldes las sequé en un bodegón.
Me encerraron muchos años en la sórdida gayola
y una tarde me libraron... pa' mi bien... o pa' mi mal...
Fui sin rumbo por las calles y rodé como una bola;
por la gracia de un mendrugo,
¡cuántas veces hice cola! Las auroras me encontraron
largo a largo en un umbral...
Hoy ya no me queda nada; ni un refugio...
¡Estoy tan pobre! Solamente vine a verte pa' dejarte mi perdón..
Te lo juro: estoy contento que la dicha a vos te sobre...
voy a trabajar muy lejos... a juntar algunos cobres
pa' que no me falten flores cuando esté dentro' el cajón
Letra: Armando J. Tagini
Música: Rafael Tuegols
Roberto Goyeneche
Que me van a hablar de amor
Yo he vivido dando tumbos
rodando por el mundo
y haciendome el destino...
Y en los charcos del camino,
la experiencia me ha ayudado
por baquiano y por que ya comprendo
que en la vida se cuidan los zapatos
andando de rodillas.
Por eso, me estan sobrando los consejos,
que en las cosas del amor
aunque tenga que aprender
nadie sabe más que yo.
Yo anduve siempre en amores
que me van a hablar de amor!
Si ayer la quise,
¿qué importa? ¿qué importa?,
si hoy no la quiero,
eran sus ojos de cielo
el ancla más linda
que ataba mis sueños;
era mi amor,
pero un dia se fue de mis cosas
y entro a ser recuerdo.
Despues rode en mil amores...
que me van a hablar de amor!
Muchas veces el invierno
me ato desde la ausencia
la soga del recuerdo.
Y yo siempre me he soltado
como un potro mal domado
por mañero, y porque yo
que anduve enamorado
rompi como una rosa
las cosas del pasado.
Y ahora,
que estoy viviendo en otra aurora
no me expliquen el amor
que aunque tenga que aprender
nadie sabe más que yo.
yo anduve siempre en amores,
que me van a hablar de amor?
Letra: Homero Expósito
Música: Héctor Stamponi
rodando por el mundo
y haciendome el destino...
Y en los charcos del camino,
la experiencia me ha ayudado
por baquiano y por que ya comprendo
que en la vida se cuidan los zapatos
andando de rodillas.
Por eso, me estan sobrando los consejos,
que en las cosas del amor
aunque tenga que aprender
nadie sabe más que yo.
Yo anduve siempre en amores
que me van a hablar de amor!
Si ayer la quise,
¿qué importa? ¿qué importa?,
si hoy no la quiero,
eran sus ojos de cielo
el ancla más linda
que ataba mis sueños;
era mi amor,
pero un dia se fue de mis cosas
y entro a ser recuerdo.
Despues rode en mil amores...
que me van a hablar de amor!
Muchas veces el invierno
me ato desde la ausencia
la soga del recuerdo.
Y yo siempre me he soltado
como un potro mal domado
por mañero, y porque yo
que anduve enamorado
rompi como una rosa
las cosas del pasado.
Y ahora,
que estoy viviendo en otra aurora
no me expliquen el amor
que aunque tenga que aprender
nadie sabe más que yo.
yo anduve siempre en amores,
que me van a hablar de amor?
Letra: Homero Expósito
Música: Héctor Stamponi
Aníbal Troilo -cita-
"De Buenos Aires tendría que decir muchas cosas... Que es mi vida, que es el tango, que es Gardel, que es la noche... Que es la mujer, el amigo... Tendría que decir muchas cosas y muchas no sabría cómo decirlas... Pero anote esto: agradezco haber nacido en Buenos Aires."
Nostalgias
Quiero emborrachar mi corazón para apagar
un loco amor que más que amor es un sufrir...
Y aquí vengo para eso,
a borrar antiguos besos
en los besos de otra boca...
Si su amor fue flor de un día,
¿por qué causa es siempre mía esta cruel preocupación?
Quiero por los dos mi copa alzar
para olvidar mi obstinación...
y más la vuelvo a recordar...
Nostalgias...
de escuchar su risa loca
y sentir junto a mi boca,
como un fuego,
su respiración.
Angustia...
de sentirme abandonado
y pensar que otro a su lado pronto...
pronto le hablará de amor.
¡Hermano!...
Yo no quiero rebajarme,
ni pedirle, ni llorarle, ni decirle
que no puedo más vivir...
Desde mi triste soledad
veré caer las rosas muertas
de mi juventud.
Gime, bandoneón, tu tango gris,
quizás a ti te hiera igual algún amor sentimental...
Llora mi alma de fantoche, sola y triste en esta noche,
noche negra y sin estrellas...
Si las copas traen consuelo,
aquí estoy con mi desvelo para ahogarlo de una vez...
Quiero emborrachar el corazón
para después poder brindar por los fracasos del amor.
Letra: Enrique Cadícamo
Música: Juan Carlos Cobián
un loco amor que más que amor es un sufrir...
Y aquí vengo para eso,
a borrar antiguos besos
en los besos de otra boca...
Si su amor fue flor de un día,
¿por qué causa es siempre mía esta cruel preocupación?
Quiero por los dos mi copa alzar
para olvidar mi obstinación...
y más la vuelvo a recordar...
Nostalgias...
de escuchar su risa loca
y sentir junto a mi boca,
como un fuego,
su respiración.
Angustia...
de sentirme abandonado
y pensar que otro a su lado pronto...
pronto le hablará de amor.
¡Hermano!...
Yo no quiero rebajarme,
ni pedirle, ni llorarle, ni decirle
que no puedo más vivir...
Desde mi triste soledad
veré caer las rosas muertas
de mi juventud.
Gime, bandoneón, tu tango gris,
quizás a ti te hiera igual algún amor sentimental...
Llora mi alma de fantoche, sola y triste en esta noche,
noche negra y sin estrellas...
Si las copas traen consuelo,
aquí estoy con mi desvelo para ahogarlo de una vez...
Quiero emborrachar el corazón
para después poder brindar por los fracasos del amor.
Letra: Enrique Cadícamo
Música: Juan Carlos Cobián
Sombras nada mas
Quisiera abrir lentamente mis venas...
Mi sangre toda vertirla a tus pies...
para poderte demostrar
que más no puedo amar
y entonces... Morir después.
Y sin embargo tus ojos azules,
¡azul que tienen el cielo y el mar!
viven cerrados para mí
sin ver que estoy así...
¡Perdido en mi soledad!
¡Sombras, nada más,
acariciando mis manos!
¡Sombras, nada más,
en el temblor de mi voz!
Pude ser feliz
y estoy en vida muriendo
y entre lágrimas viviendo
los pasajes más horrendos
de este drama sin final...
¡Sombras, nada más,
entre tu vida y mi vida...
Sombras, nada más,
entre mi amor y tu amor!
Qué breve fue tu presencia en mi hastío,
qué tibias fueron tu mano y tu voz.
Como luciérnaga llegó
tu luz y disipó las sombras de mi rincón...
Y me quedé como un duende, temblando
sin el azul de tus ojos de mar,
que se han cerrado para mí
sin ver que estoy así...
¡Perdido en mi soledad!
Música: Francisco Lomuto
Letra: José María Contursi
Mi sangre toda vertirla a tus pies...
para poderte demostrar
que más no puedo amar
y entonces... Morir después.
Y sin embargo tus ojos azules,
¡azul que tienen el cielo y el mar!
viven cerrados para mí
sin ver que estoy así...
¡Perdido en mi soledad!
¡Sombras, nada más,
acariciando mis manos!
¡Sombras, nada más,
en el temblor de mi voz!
Pude ser feliz
y estoy en vida muriendo
y entre lágrimas viviendo
los pasajes más horrendos
de este drama sin final...
¡Sombras, nada más,
entre tu vida y mi vida...
Sombras, nada más,
entre mi amor y tu amor!
Qué breve fue tu presencia en mi hastío,
qué tibias fueron tu mano y tu voz.
Como luciérnaga llegó
tu luz y disipó las sombras de mi rincón...
Y me quedé como un duende, temblando
sin el azul de tus ojos de mar,
que se han cerrado para mí
sin ver que estoy así...
¡Perdido en mi soledad!
Música: Francisco Lomuto
Letra: José María Contursi
Mano a mano
Rechiflado en mi tristeza, te evoco y veo que has sidoen mi pobre vida paria sólo una buena mujer.Tu presencia de bacana puso calor en mi nido,fuiste buena, consecuente, y yo sé que me has queridocomo no quisiste a nadie, como no podrás querer.
Se dio el juego de remanye cuando vos, pobre percanta,gambeteabas la pobreza en la casa de pensión.Hoy sos toda una bacana, la vida te ríe y canta,Ios morlacos del otario los jugás a la marchantacomo juega el gato maula con el mísero ratón.
Hoy tenés el mate lleno de infelices ilusiones,te engrupieron los otarios, las amigas y el gavión;la milonga, entre magnates, con sus locas tentaciones,donde triunfan y claudican milongueras pretensiones,se te ha entrado muy adentro en tu pobre corazón.
Nada debo agradecerte, mano a mano hemos quedado;no me importa lo que has hecho, lo que hacés ni lo que harás...Los favores recibidos creo habértelos pagadoy, si alguna deuda chica sin querer se me ha olvidado,en la cuenta del otario que tenés se la cargás.
Mientras tanto, que tus triunfos, pobres triunfos pasajeros,sean una larga fila de riquezas y placer;que el bacán que te acamala tenga pesos duraderos,que te abrás de las paradas con cafishos milonguerosy que digan los muchachos: Es una buena mujer.Y mañana, cuando seas descolado mueble viejoy no tengas esperanzas en tu pobre corazón,si precisás una ayuda, si te hace falta un consejo,acordate de este amigo que ha de jugarse el pellejopa'ayudarte en lo que pueda cuando llegue la ocasión.
Musica: Carlos Gardel/José Razzano
Letra: Celedonio Flores
Uno
Uno busca lleno de esperanzas
el camino que los sueños
prometieron a sus ansias.
Sabe que la lucha es cruel y es mucha,
pero lucha y se desangra
por la fe que lo empecina.
Uno va arrastrándose entre espinas,
y en su afán de dar su amor
sufre y se destroza, hasta entender
que uno se ha quedao sin corazón.
Precio de castigo que uno entrega
por un beso que no llega
o un amor que lo engañó;
vacío ya de amar y de llorar
tanta traición...
Si yo tuviera el corazón,
el corazón que di;
si yo pudiera, como ayer,
querer sin presentir...
Es posible que a tus ojos,
que hoy me gritan su cariño,
los cerrara con mis besos
sin pensar que eran como esos
otros ojos, los perversos,
los que hundieron mi vivir...
Si yo tuviera el corazón,
el mismo que perdí;
si olvidara a la que ayer
lo destrozó y pudiera amarte...
Me abrazaría a tu ilusión
para llorar tu amor...
Pero Dios te trajo a mi destino
sin pensar que ya es muy tarde
y no sabré cómo quererte.
Déjame que llore como aquél
que sufre en vida la tortura
de llorar su propia muerte.
Pura como sos, habrías salvado
mi esperanza con tu amor.
Uno está tan solo en su dolor...
Uno está tan ciego en su penar...
Pero un frío cruel, que es peor que el odio,
punto muerto de las almas,
tumba horrenda de mi amor,
maldijo para siempre y se robó
toda ilusión...
Letra: Enrique Santos Discépolo
Música: Mariano Mores
el camino que los sueños
prometieron a sus ansias.
Sabe que la lucha es cruel y es mucha,
pero lucha y se desangra
por la fe que lo empecina.
Uno va arrastrándose entre espinas,
y en su afán de dar su amor
sufre y se destroza, hasta entender
que uno se ha quedao sin corazón.
Precio de castigo que uno entrega
por un beso que no llega
o un amor que lo engañó;
vacío ya de amar y de llorar
tanta traición...
Si yo tuviera el corazón,
el corazón que di;
si yo pudiera, como ayer,
querer sin presentir...
Es posible que a tus ojos,
que hoy me gritan su cariño,
los cerrara con mis besos
sin pensar que eran como esos
otros ojos, los perversos,
los que hundieron mi vivir...
Si yo tuviera el corazón,
el mismo que perdí;
si olvidara a la que ayer
lo destrozó y pudiera amarte...
Me abrazaría a tu ilusión
para llorar tu amor...
Pero Dios te trajo a mi destino
sin pensar que ya es muy tarde
y no sabré cómo quererte.
Déjame que llore como aquél
que sufre en vida la tortura
de llorar su propia muerte.
Pura como sos, habrías salvado
mi esperanza con tu amor.
Uno está tan solo en su dolor...
Uno está tan ciego en su penar...
Pero un frío cruel, que es peor que el odio,
punto muerto de las almas,
tumba horrenda de mi amor,
maldijo para siempre y se robó
toda ilusión...
Letra: Enrique Santos Discépolo
Música: Mariano Mores
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