viernes 30 de enero de 2009

jacinto chiclana

Me acuerdo, fue en Balvanera, en una noche lejana, que alguien dejó caer el nombre de un tal Jacinto Chiclana. Algo se dijo también de una esquina y un cuchillo. Los años no dejan ver el entrevero y el brillo.
¡ Quién sabe por qué razón me anda buscando ese nombre! Me gustaría saber cómo habrá sido aquel hombre. Alto lo veo y cabal, con el alma comedida; capaz de no alzar la voz y de jugarse la vida.
Nadie con paso más firme habrá pisado la tierra. Nadie habrá habido como él en el amor y en la guerra. Sobre la huerta y el patio, las torres de Balvanera y aquella muerte casual, en una esquina cualquiera.
Sólo Dios puede saber la laya fiel de aquel hombre. Señores, yo estoy cantando lo que se cifra en el nombre. Siempre el coraje es mejor. La esperanza nunca es vana. Vaya, pues, esta milonga para Jacinto Chiclana...

letra: jorge luis borges
musica: astor piazzola

lunes 24 de noviembre de 2008

Volvió una noche

Volvió una noche, no la esperaba,
había en su rostro tanta ansiedad
que tuve pena de recordarle
su felonía y su crueldad.
Me dijo humilde: Si me perdonas,
el tiempo viejo otra vez vendrá.
La primavera es nuestra vida,
verás que todo nos sonreirá.
Mentira, mentira, yo quise decirle,
las horas que pasan ya no vuelven más.
Y así mi cariño al tuyo enlazado
es sólo un fantasma del viejo pasado
que ya no puede resucitar.
Callé mi amargura y tuve piedad;
sus ojos azules, muy grandes se abrieron.
Mi pena inaudita pronto comprendieron
y con una mueca de mujer vencida me dijo: Es la vida.
Y no la vi más. Volvió una noche, nunca la olvido,
con la mirada triste y sin luz.
Y tuve miedo de aquel espectro que fue locura en mi juventud.
Se fue en silencio, sin un reproche, busqué un espejo y me quise mirar.
Había en mi frente tantos inviernos que también ella tuvo piedad.

Letra: Alfredo Le Pera
Música: Carlos Gardel

miércoles 19 de noviembre de 2008

balada para un loco

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
No ves que va la Luna rodando por Callao;
que un coro de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor... ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá!
Yo sé que estoy piantao, piantao, piantao...
Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión;
y a vos te vi tan triste... ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!...
¡Loco! ¡Loco! ¡Loco! Cuando anochezca en tu porteña soledad,
por la ribera de tu sábana vendré
con un poema y un trombón
a desvelarte el corazón.
¡Loco! ¡Loco! ¡Loco! Como un acróbata demente saltaré,
sobre el abismo de tu escote hasta sentir
que enloquecí tu corazón de libertad...
¡Ya vas a ver! Salgamos a volar, querida mía;
subite a mi ilusión supersport,
y vamos a correr por las cornisas
¡con una golondrina en el motor!
De Vieytes nos aplauden: ¡Viva! ¡Viva!
los locos que inventaron el Amor;
y un ángel y un soldado y una niña
nos dan un valsecito bailador.
Nos sale a saludar la gente linda...
Y loco - pero tuyo - ¡qué se yo!;
provoco campanarios con la risa,
y al fin, te miro, y canto a media voz:
Queréme así, piantao, piantao, piantao...
Abríte a los amores que vamos a intentar
la mágica locura total de revivir...
¡Vení, volá, vení! ¡Trai-lai-lai-larará!
¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!
Loca ella y loco yo...
¡Locos! ¡Locos! ¡Locos!
¡Loca ella y loco yo!

Letra: Horacio Ferrer
Música: Astor Piazzolla

Hasta el ultimo tren

Amo los andenes de la espera,
la poesía de los rieles
que la luna replatea...
Amo los andenes suburbanos
de estaciones patinadas
por el tiempo y los olvidos...
Amo la garita y las barreras,
amo el tren que se despide
y amo el tren en que tú llegas...
y mi vida se ilumina,
volvedora golondrina,
cuando estás para llegar.
Tu amor de golondrina que llega así, en mi ocaso,
me hace querer las cosas que no supe querer,
y quiero los lugares donde esperé tu paso
con una rosa blanca luciendo en cada sien.
Distintas emociones: llegada y despedida,
alargada mi sombra en desolado andén
cuando agito mi mano después de tu partida
o cuando espero en vano, hasta el último tren.
Amo los andenes de la espera,
las señales en la once
y tus alas de viajera...
Celo, cuando pienso que otro anhelo
te desvíe de mi rumbo
y te lleve hacia otro cielo...
Lloro, de pensar que otro verano
un andén abandonado
me verá esperando en vano...
Y el dolor se hará presente
cuando inexorablemente
ya no tenga que esperar.

Letra: Julio Camillioni
Música: Julia Ahumada

jueves 13 de noviembre de 2008

Roberto Goyeneche (1926 - 1994)

El -polaco- nació el 29 de enero de 1926 en el barrio de Saavedra, provincia de Buenos Aires, Argentina. Fue muy consentido por su madre, ya que su padre murió cuando él tenía cinco años. Goyeneche se destacó por ser el cantante con máxima calidad expresiva que tuvo el Tango en toda su historia.

Fue todo en experto a la hora de hablar durante las canciones. Su valor más grande, explicado por él mismo, fue el respeto por lo que escribió el autor, cantarle hasta las comas. La pronunciación es una manera de respetar al que escribe. Hay que hacer las pausas. Hay que interpretar lo que el poeta quiso decir y transmitírselo al público.

Debutó con la orquesta de Raúl Kaplún a los 18 años. En 1952 pasa a la de Horacio Salgan, junto al cantor Angel Díaz, quien lo bautizó el polaco. En 1956 su carrera se catapultó hacia la gloria: se convirtió en el cantor de la orquesta de Anibail Troilo.

Pese a algunas discrepancias iniciales que, según cuenta la historia, distanciaban a Troilo del Polaco la vida los convirtió en amigos inseparables hasta el punto que Troilo le dijo animosamente: "si no se va, lo echo" obligándolo a iniciar su carrera como solista.Así fue como entonces, en 1963, El Polaco se aparta de la orquesta de Troilo para transitar sus primeros pasos como solista. En poco tiempo se convirtió en uno de los cantantes de tango más populares. Llegó a grabar con: Francini-Pontier, Baffa-Berlingier-Cabarcos, Stazo-Cupo-Monteleone, Requena, Grela, Orquesta Típica Porteña y Astor Piazzolla, entre otros. Su repertorio fue extenso y variado, y supo apropiarse con verdadera autoridad de versiones clásicas que parecían hasta el momento presas de algunas determinadas interpretaciones. “La última curda”, “Gricel”, “Naranjo en flor”, “Pompas”, “Chau no va más”, “Afiches”, “Malena”, son algunas de sus más brillantes exposiciones.

Goyeneche también tuvo su participación en la pantalla grande. Dos films del famoso director argentino Pino Solanas: "El exilio de Gardel" y "Sur", cuentan con su presencia y contribuyen a la formación del “mito viviente” que sus popularidad también enarbolaba. Pocas personalidades logran ser contemporáneas a su construcción mítica. El Polaco no necesito morir para ver el emblema que significaba su presencia, quizás algunas de sus actitudes autodestructivas aceleraron este proceso de “mito viviente”.

Escuchar un tango en la voz de Roberto Goyeneche es vivir la música de Buenos Aires. Como recalcó Aníbal Troilo, El polaco era dueño de cantar "hasta los puntos y las comas". Su mayor secreto fue saborear los tiempos y los espacios del tango, colmarlos de significado; enriqueciendo al dos por cuatro al límite de sus posibilidades rítmicas. Un 27 de Agosto de 1994 el Polaco le dice adiós a Buenos Aires. Un vacío melancólico se apodera de aquella tarde de sábado, melancolía propia de la despedida de personajes que podrían haber vivido un tiempito más... personajes en los que tristemente se intuye un poco de voluntad en su partida.

miércoles 12 de noviembre de 2008

Tarde gris

Pese al dolor vengo a verte,
lo supe ayer que tu estabas tan mal.
Te quise odiar y mi pasión fue fuerte,
no pude más y vine al hospital.

Por todo el mal que me has hecho,
te maldecí con despecho y rencor.
Pero después sentí dentro del pecho,
mi corazón latir con tanto amor.

¿Por qué lloras? Acaso mi presencia,
junto al dolor también a vos te apena.
Cual recordar, tu vida sin esencia,
te arrepentís y hoy querés ser buena.

La tarde gris, tan gris como mi pena,
acompañó mi quebranto por su herida,
Porque eras vos la dicha de mi vida
y el ansia de cantar y la ley de mi fe.

Nada quiero reprocharte, todo pasó
y prefiero olvidarte. ¿Qué le he de hacer?
Si nací p’a quererte si fuiste vos la luz de mí soñar.
Yo te perdono y te brindo: pasión, hogar, mi ternura y mi fe.

Alegrará mi vida un pibe lindo Y yo seré feliz con tu querer.
¿Por qué lloras? Acaso mi presencia,
junto al dolor también a vos te apena.
Cual recordar, tu vida sin esencia,
te arrepentís y hoy querés ser buena.

La tarde gris, tan gris como mi pena
acompañó mi quebranto por su herida,
porque eras vos la dicha de mi vida
y el ansia de cantar y la ley de mi fe.

Letra: Luis Rubinstain
Música: Juan Bautista Guido

Carlos Gardel


"Yo me siento muy feliz y satisfecho con el homenaje del pueblo. Porque es mi pueblo. Es el pueblo que sufre y ríe conmigo, y que me aplaude. El pueblo que ha formado el pedestal de mi prestigio y mi gloria".